LGTB - Aceptación de la diversidad

La bandera del arcoíris ha sido utilizada durante prácticamente 40 años como símbolo de la diversidad e inclusión, de la libertad y aceptación. El colectivo LGTB ha ido evolucionando y creciendo, agregándose cada vez más comunidades discriminadas, hasta representarse en ocasiones como LGTB+, adquiriendo un sentido amplio. Ha hecho un gran esfuerzo por el reconocimiento de todos los grupos desfavorecidos y discriminados, y la concienciación social.

 

La cuestión de fondo es la necesidad y el deseo que tenemos todos de ser aceptados, respetados, integrados, de sentirnos en igualdad, valorados y queridos. Si uno amplía más, todos estamos en algún momento en una situación de minoría respecto a alguna cualidad, o de experimentar el sentirnos diferentes al grupo, sólo tenemos que pensar un poco y se nos pueden venir a la cabeza multitud de situaciones y características tanto a niveles más claves y profundos, como más puntuales en situaciones concretas. Ejemplo: “me siento la extranjera en ese país” “soy el nuevo en el trabajo” “no quería que supieran que yo no sé bailar” “tengo cáncer” “soy tímido e inseguro y se espera de mí lo contrario” “estoy gordo” “me cuesta decir que opino diferente” “es que soy la única que no habla bien inglés en mi grupo en Londres” “soy el bajito” “es que soy demasiado joven para ese grupo, no comparto nada con ellos” “me quedé bloqueado porque todos sabían de ese tema menos yo” “me sentí la rara porque era la única sin falda” “soy el único sin pareja” “siento vergüenza por tener una madre alcohólica”, etc.

 

Es importante darnos cuenta de esto para empatizar con los demás, para entender que nosotros también estaremos en ese lugar aunque sea con otra característica o cualidad, pero estaremos. Lo importante al final es la aceptación personal de cómo somos, sin temor a lo que nos diferencia, sin juicios de valor, “este soy yo”. Cuanto mayor sea esa aceptación, habrá también un reflejo en el respeto a la diversidad social, pues en nuestros prejuicios y rechazo a los demás frecuentemente se evidencia la proyección de nuestras propias inseguridades y miedos, y mucho desconocimiento.

 

El camino de la aceptación puede pasar, a grandes rasgos, por varias etapas que generalmente son:

  • Identificación y toma de conciencia de esa característica en nosotros mismos, al principio puede haber lucha interna por negarlo, quizá por esconderlo, o justificarlo, nos asaltan dudas, intentamos quitar importancia, pero cuesta. 
  • Paralela y progresivamente vienen los miedos y la ansiedad por el entorno, que los demás lo sepan, el posible rechazo que se pueda dar. Hay normalmente una especie de duelo por sentirnos diferentes, quizá mezclado a veces con culpa, enfado y vergüenza, y normalmente una búsqueda de apoyo en personas que estén pasando por lo mismo, con quienes sentirnos identificados, comprendidos y reforzados.
  • Gradualmente, el peso del rechazo propio se vuelve devastador, el ocultarlo nos limita, y anhelamos la libertad sin presiones. Y ahí hay un punto clave, donde uno decide entre seguir en ese punto evitando un dolor inmediato pero perpetuando un dolor futuro, o luchar por continuar con el siguiente paso sabiendo que aunque pueda ser doloroso en el primer punto a la larga será beneficioso para nosotros. Y a medida que mayor es la confianza adquirida, que dejamos de poner tanta fuerza contra nosotros dañándonos y la colocamos como escudo para defendernos de los que realmente quieran perjudicarnos, vamos consiguiendo enfrentarnos a la exposición social, a que vean quién somos, a la realidad.
  • Finalmente se va integrando todo como algo más, dejando de colocarlo en primer plano, poniéndolo en el conjunto de lo que somos de forma natural. Entonces sentimos la libertad de ser nosotros mismos, con el apoyo personal.

A veces no es fácil el proceso, y necesitamos apoyo para manejar las emociones y dificultades, para coger perspectiva y entendernos, y para afrontarlo. En ese caso, puedes contar conmigo.