¿Estás pasando por una ruptura?

Ya no - Idea Vilariño

Ya no será,

ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa, no te tendré de noche

no te besaré al irme, nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca

ni si era de verdad lo que dijiste que era,

ni quién fuiste, ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido vivir juntos,

querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú

Ya no serás para mí más que tú.

Ya no estás en un día futuro

no sabré dónde vives, con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.

No volveré a tocarte. No te veré morir.

Poema de la despedida - José Ángel Buesa

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.

Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.

No sé si me quisiste… No sé si te quería…

O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,

me lo sembré en el alma para quererte a ti.

No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco;

pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,

y el corazón me dice que no te olvidaré;

pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,

tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,

mi más hermoso sueño muere dentro de mí…

Pero te digo adiós, para toda la vida,

aunque toda la vida siga pensando en ti.

 

Viceversa - Mario Benedetti

Tengo miedo de verte 

necesidad de verte 

esperanza de verte 

desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte 

preocupación de hallarte 

certidumbre de hallarte 

pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte 

alegría de oírte 

buena suerte de oírte 

y temores de oírte.

O sea 

resumiendo 

estoy jodido 

y radiante 

quizá más lo primero 

que lo segundo 

y también 

viceversa.


“Cambia, todo cambia” reiteraba Julio Numhauser, y sus palabras se propagan por el dolor de nuestro corazón, corazón herido por la ruptura de una relación. Nos recuerdan las fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación…pero uno siente literal que se nos rompe el corazón, y de forma desgarradora nos arrancan un amor, un amor que en ese momento sientes lo impregna todo (planes, proyectos, apoyo, compañía, ocio, amistades, rutinas, cariño,...). Vacío, tristeza, dudas, tristeza, vértigo, tristeza, rabia, tristeza, soledad, tristeza, miedo, tristeza, altibajos y más tristeza. ¿Qué pasó, por qué no funcionó, cómo llegamos a ese punto? ¿Pude hacer algo más, quizá si hubiera…? ¿Ahora qué voy a hacer? ¿Hasta cuándo voy a estar así? Y desespera ¿cómo manejo tanto dolor, las ansias que tengo de verle? ¿qué puedo hacer para quitarme esta tristeza?.

 

Sabemos que viene un proceso difícil, duro, doloroso, aceptar nuestra realidad, digerir lo vivido, adaptarnos a la ausencia, al cambio, levantarnos, recolocarnos, y seguir caminando, volviendo progresivamente a disfrutar de la senda que recorremos, todo pasa y todo queda (Antonio Machado).

 

Al principio se suele necesitar parar, el cuerpo nos pide tiempo, quizá quedarnos en casa resguardados unos días, la tristeza pesa. A veces nos asustamos de no tener ganas de salir, de la apatía, pero estamos en lucha interior, intentando entender y organizar la nueva situación que hemos tenido que casi engullir. Tras varios días es importante empezar a activarnos, respetando nuestras necesidades pero reconectando, el malestar es más llevadero paseando a la luz del sol o sintiéndonos en compañía. Y poco a poco ir creando nuevas relaciones y actividades que ocupen el tiempo que se nos queda vacío, tenemos un gran abanico de posibilidades para elegir, existen más situaciones que pueden satisfacernos, aunque no estemos bien al 100% algo nos aporta o al menos distracción por momentos. El duelo lo seguiremos cargando, el desierto hay que pasarlo, pero se irá disipando a medida que veamos que la vida es amplia, que todo se ordena en nuestro interior, que cogemos perspectiva y distancia.

 

Por eso paralelamente es necesario abordar cómo estamos integrando la ruptura, analizar si hay sentimientos de culpa, esa fatídica compañera que aparece para sentir control en el descontrol, pero las relaciones se crean entre dos y son responsabilidad de ambos. Comprobar si existe inseguridad personal, como enfado puesto contra nosotros mismos o como búsqueda ansiosa por tapar la soledad y sentirnos deseados por otras personas. Si hay miedos,  pues nos vamos a la generalización y el pesimismo. El posible rencor, que nos mantiene igualmente enganchados. Es necesario ver qué nos cuesta, qué dificultades tenemos, los bloqueos, etc. y también las fortalezas, lo que nos ha hecho siempre sobreponernos a las dificultades.

 

A veces se necesita el apoyo de un psicólogo que nos acompañe y guíe en el proceso. Puedes escribirme si lo necesitas.